Carta IX
Me detengo para mirar al cielo rojo carmesi que nos rodea, la veo a lo lejos, en el borde del precipicio, voy como sin querer hasta justo el sitio donde esta tendiendome la mano inocentemente, no puedo evitar la sensacion de que quiere que me lance junto a ella, aunque todas sus palabras me indiquen lo contrario, casi puedo oir su voz pidiendomelo solo mirandome a los ojos, pero me he prometido a mi mismo que seguiria fiel a mi palabra y haria justo honor a la confianza que ha depositado en mi.
Aun asi en una decima de segundo, la claridad y el deseo vencen a la incertidumbre y salto al vacio, arriesgandome a la posibilidad de que puede que la profundidad sea de un metro como de cien, pero aun asi ya he saltado y no hay vuelta atras.
Puedo llegar a vislumbrar levemente el borde mientras caigo y veo todo lo que me he dejado en el, la esperanza, las ilusiones, el arrepentimiento, la prudencia, ahora me deslizo inerte hacia la oscuridad mientras soy abrazado por ella, en sus brazos me cobijo porque se que he encontrado lo que en realidad buscaba ahi arriba unos minutos antes.
Siento sus brazos apretandome contra ella, por momentos puedo vislumbrar seriamente hasta sus dudas, la calidez de la mas negra de las oscuridades choca contra mi, incluso hay momentos en que su aliento choca contra mi desviandome levemente de mi, por años, ya fijado camino.
Sonrio porque ya no noto la gravedad.
Sonrio porque no percibo ni el aire que nos rodea.
Sonrio porque el tiempo se ha detenido.
Sonrio porque aunque se que no seguiremos juntos por mucho tiempo, en estos momentos si que lo estamos y nada nos separa.
Me noto debilitado en momentos, al igual que hay momentos en los que la adrenalina se dispara y hago cosas contra mi voluntad, me posee, hay momentos en que yo la poseo, pero siempre bajo el mas absoluto de los dominios, sumiso a su voluntad que a la fuerza se convierte en la mia.
Y a las pocas horas, invisibles tambien por momentos, un halo de luz me sorprende entre toda esa oscuridad y soy absorbido por el, una vez en su interior, puedo ver mi habitacion iluminada por el sol que entra por la ventana, me siento confuso, tengo el cuerpo molido y una leve sensacion de caida aun en todo mi cuerpo, estoy segurisimo de que era un sueño.
Al menos estaria seguro de que lo es, si no fuera porque aun tengo la mirada clavada en tu chaqueta, la cual aun sigue en el respaldo de mi silla…